Es la historia de un ministro encargado de hacer respetar la ley, alcanzado por la justicia de su propio país. El 2 de septiembre de 2025, el Tribunal de Casación de la República Democrática del Congo condenó a Constant Mutamba, su exministro de Justicia, por malversar 19 millones de dólares.
Un ministro joven y ambicioso
Constant Mutamba fue ministro de Justicia en 2024 y 2025 bajo la presidencia de Félix Tshisekedi. Con 37 años, era una de las figuras emergentes de la política congoleña.
En mayo de 2025, el fiscal general recibió autorización para procesarlo. En junio de 2025 dimitió, sin dejar de negar las acusaciones.
Una cárcel de 19 millones de dólares
En el centro del caso: 19 millones de dólares destinados a la construcción de una cárcel en Kisangani, en el norte del país. Según la justicia congoleña, ese dinero fue malversado.
Un proyecto que debía mejorar las condiciones de detención en un país cuyas cárceles suelen estar superpobladas se convirtió en el símbolo de un escándalo de Estado.
“El ministro encargado de la justicia, condenado por la justicia.”La paradoja del caso Mutamba
Un veredicto en plena tensión
El caso llevó a sus partidarios a las calles. La semana anterior al veredicto, los enfrentamientos entre militantes y policía en Kinshasa obligaron al tribunal a aplazar su decisión.
El 2 de septiembre de 2025, el juez presidente Jacques Kabasele dictó finalmente la sentencia: tres años de trabajos forzados, además de una inhabilitación para presentarse a elecciones durante cinco años tras cumplir la pena.
Un caso muy político
Constant Mutamba siempre ha negado los cargos. Unos meses antes de sus problemas judiciales, él mismo había iniciado acciones contra el expresidente Joseph Kabila por sus presuntos vínculos con el grupo rebelde M23.
Para sus partidarios, la condena es política. Para sus detractores, demuestra que nadie está por encima de la ley. Una cosa es segura: se ha convertido en uno de los casos de corrupción más seguidos del país.
Constant Mutamba impugna los cargos que se le imputan.
